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Promovamos cuanto antes un debate económico racional

Hace ya más de cuatro años que sufrimos la actual crisis financiera y las principales economías del mundo siguen estando profundamente deprimidas, en una escena muy parecida a la sufrida en la década de 1930. Y la razón es simple: las medidas que se están tomando se basan en las mismas ideas que rigieron la política en aquella década. Estas ideas, que insisten en que el camino hacia la prosperidad pasa por unos profundos recortes del gasto público, incluyen graves errores, tanto sobre las causas de la crisis, su naturaleza y la respuesta apropiada y, además, hace ya mucho tiempo que han sido refutadas.

La última demostración devastadora de este desatino la apunta el Fondo Monetario Internacional (FMI), en su reciente publicación Perspectivas de la Economía Mundial (http://www.imf.org/external/spanish/pubs/ft/weo/2012/02/pdf/texts.pdf), un trabajo que combina la proyección a corto plazo con un revelador análisis económico. Este informe nos dice que la economía mundial está significativamente peor de lo previsto y que el riesgo de que se produzca una recesión mundial está aumentando. Pero el informe no es solo pesimista; contiene un análisis pormenorizado de las razones por las que las cosas van tan mal. Y la conclusión a la que llega este análisis es que los países que más han recortado el gasto, aplicando políticas eufemísticamente llamadas de “consolidación fiscal”, son también los países que han experimentado las recesiones económicas más profundas.

Lo malo es que estos errores han arraigado profundamente en la conciencia colectiva y proporcionan el apoyo público a la austeridad excesiva de las actuales políticas económicas y fiscales en muchos países, del que el nuestro, espoleado por las presiones de la UE, es uno de los máximos representantes.

Por tanto, hay que romper esa inercia y ofrecer un análisis basado en la evidencia de nuestros problemas. Veamos:

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Reflexiones sobre educación y creatividad

Los que seguís este blog ya sabéis lo que nos gusta aportar espacios de reflexión sobre la educación (sistema educativo) y sobre muchos de los aspectos que, en general, ni contempla ni estimula ni desarrolla. Uno de ellos es la creatividad que, a pesar de ser uno de los elementos esenciales y fundamentales que ha llevado a la humanidad a la posición que ocupa, curiosamente, se encuentra totalmente fuera de la mayoría de los programas escolares.

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Cambiemos, de una vez, nuestro obsoleto modelo educativo

Continuando con la reflexión iniciada en el artículo anterior, quiero seguir abundando en el tema a partir de este interesante video de RSAnimate, describiendo gráficamente las ideas de Ken Robinson[1], sobre el cambio de modelo educativo.

Comienza haciendo referencia a que muchos países están cambiando sus modelos educativos, basados en modelos heredados de la Ilustración y la Revolución Industrial, por razones económicas, para conseguir insertar a los estudiantes en el mercado de trabajo, y por razones culturales, cómo educar a los niños para que tengan una identidad cultural en un mundo globalizado. El problema es que “tratan de llegar al futuro haciendo lo que hicieron en el pasado”, siguiendo un “modelo que fue diseñado, concebido y estructurado para una época diferente” y que separó a las personas en brillantes o no brillantes según la educación recibida.

Nuestras escuelas se han diseñado a partir de un modelo basado en criterios industriales, donde, por ejemplo, se junta a los niños en grupos dependiendo de su edad y sin tener en cuenta otros criterios mucho más importantes. Todo se ha estandarizado, basándose en el pensamiento lineal o convergente, en la búsqueda de la única solución, y esa estandarización ha llevado a que los niños reaccionen también de forma estándar.

Hay que potenciar la creatividad y el pensamiento divergente, la facilidad para ver múltiples respuestas e interpretar de formas diferentes las preguntas.

Hay que romper unos cuantos mitos: pensar diferente sobre la capacidad humana; superar la diferencia entre lo académico y lo no académico; reconocer que la mayoría del aprendizaje se realiza en grupos y a través de la colaboración, y buscar entornos totalmente integrados en la sociedad para nuestras instituciones educativas.

Ahora que ya conocemos otras alternativas, saquemos nuestras conclusiones y pongámonos manos a la obra para exigir y cooperar a que se produzca un cambio radical en nuestro obsoleto modelo educativo.


[1] Educador, escritor y conferenciante británico, experto en asuntos relacionados con la creatividad, la calidad de la enseñanza, la innovación y los recursos humanos. Por la relevancia de su actividad fue nombrado Sir en 2003.

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¿Realmente nos preocupa la educación?

La Constitución española de 1978, por primera vez en la historia de nuestro constitucionalismo, recoge una proclamación del derecho a la educación y a la libertad de enseñanza. Sin embargo, y aquí comienza ya el problema, durante el debate constituyente se enfrentaron claramente dos posiciones, una “liberal” y otra de izquierda, lo que estuvo a punto de romper el consenso constitucional, para acabar en el prolijo y ambivalente artículo 27 (http://www.congreso.es/consti/constitucion/indice/titulos/articulos.jsp?ini=27&tipo=2).

Este punto de partida es el que ha propiciado que, en los últimos 30 años, haya habido 7 leyes que han “pretendido” llevar a cabo una reforma educativa. Y esto sin contar intentos fallidos, el último propuesto, el 27 de enero de 2010, por Ángel Gabilondo, el último ministro de Educación del anterior gobierno (http://www.educacion.gob.es/dctm/ministerio/horizontales/ prensa/documentos/2010/conferencia-sectorial-propuesta-pacto.pdf?documentId=0901e72b 800adfb5).

¿Qué sucede en España para que, al contrario de lo que pasa en tantos otros países, nuestras fuerzas políticas no sean capaces de ponerse de acuerdo y de lograr ese gran pacto social que todos estamos deseando y, creámoslo o no, necesitando? Ese que, de una vez, dé el empujón definitivo a nuestra educación y que nos permita tomar el tren de la modernidad y no seguir dando palos de ciego y anclados en el fracaso.

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