Archivo de la categoría: Innovación

¿Realmente nos preocupa la educación?

La Constitución española de 1978, por primera vez en la historia de nuestro constitucionalismo, recoge una proclamación del derecho a la educación y a la libertad de enseñanza. Sin embargo, y aquí comienza ya el problema, durante el debate constituyente se enfrentaron claramente dos posiciones, una “liberal” y otra de izquierda, lo que estuvo a punto de romper el consenso constitucional, para acabar en el prolijo y ambivalente artículo 27 (http://www.congreso.es/consti/constitucion/indice/titulos/articulos.jsp?ini=27&tipo=2).

Este punto de partida es el que ha propiciado que, en los últimos 30 años, haya habido 7 leyes que han “pretendido” llevar a cabo una reforma educativa. Y esto sin contar intentos fallidos, el último propuesto, el 27 de enero de 2010, por Ángel Gabilondo, el último ministro de Educación del anterior gobierno (http://www.educacion.gob.es/dctm/ministerio/horizontales/ prensa/documentos/2010/conferencia-sectorial-propuesta-pacto.pdf?documentId=0901e72b 800adfb5).

¿Qué sucede en España para que, al contrario de lo que pasa en tantos otros países, nuestras fuerzas políticas no sean capaces de ponerse de acuerdo y de lograr ese gran pacto social que todos estamos deseando y, creámoslo o no, necesitando? Ese que, de una vez, dé el empujón definitivo a nuestra educación y que nos permita tomar el tren de la modernidad y no seguir dando palos de ciego y anclados en el fracaso.

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Flexibilizar el trabajo y reducir las oficinas a la mínima expresión

Hace unos días, al visitar las oficinas de una de mis empresas clientes, una importante consultora de TIC, volvió a mi cabeza algo que, ya hace unos cuantos años, parecía ser el futuro cercano: la generalización del teletrabajo.

Esta idea surgió en los años setenta del siglo XX, cuando, con la crisis del petróleo, se encareció el transporte y las empresas comenzaron a pensar que resultaba más económico llevar el trabajo al trabajador que trasladar al trabajador a donde estaba el trabajo.

No pude dejar de pensar para qué hacían falta tantas plantas de edificio, tantas salas, tantos despachos, tantas zonas comunes…, muchas infrautilizadas. ¡Qué poco eficiente es esta situación, y más en estos tiempos que corren! Porque, claro, todo ese enorme coste hay que repercutirlo en los clientes, haciéndoles pagar precios más altos por los productos/servicios que se les ofrecen. No parece que esa sea la mejor forma de potenciar las relaciones comerciales y, entre todos, mejorar la actual situación, ofreciendo las mejores condiciones posibles. ¿Cuánto se podrían abaratar los costes deshaciéndose de tanto metro cuadrado inútil? ¿Acaso el negocio no se desarrolla en la interacción constante con los clientes? ¿Dónde están la competitividad y la innovación? Entonces, ¿qué hacen tantos y tantos empleados llenando las oficinas, cuando podrían trabajar en sus casas?

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