Promovamos cuanto antes un debate económico racional

Hace ya más de cuatro años que sufrimos la actual crisis financiera y las principales economías del mundo siguen estando profundamente deprimidas, en una escena muy parecida a la sufrida en la década de 1930. Y la razón es simple: las medidas que se están tomando se basan en las mismas ideas que rigieron la política en aquella década. Estas ideas, que insisten en que el camino hacia la prosperidad pasa por unos profundos recortes del gasto público, incluyen graves errores, tanto sobre las causas de la crisis, su naturaleza y la respuesta apropiada y, además, hace ya mucho tiempo que han sido refutadas.

La última demostración devastadora de este desatino la apunta el Fondo Monetario Internacional (FMI), en su reciente publicación Perspectivas de la Economía Mundial (http://www.imf.org/external/spanish/pubs/ft/weo/2012/02/pdf/texts.pdf), un trabajo que combina la proyección a corto plazo con un revelador análisis económico. Este informe nos dice que la economía mundial está significativamente peor de lo previsto y que el riesgo de que se produzca una recesión mundial está aumentando. Pero el informe no es solo pesimista; contiene un análisis pormenorizado de las razones por las que las cosas van tan mal. Y la conclusión a la que llega este análisis es que los países que más han recortado el gasto, aplicando políticas eufemísticamente llamadas de “consolidación fiscal”, son también los países que han experimentado las recesiones económicas más profundas.

Lo malo es que estos errores han arraigado profundamente en la conciencia colectiva y proporcionan el apoyo público a la austeridad excesiva de las actuales políticas económicas y fiscales en muchos países, del que el nuestro, espoleado por las presiones de la UE, es uno de los máximos representantes.

Por tanto, hay que romper esa inercia y ofrecer un análisis basado en la evidencia de nuestros problemas. Veamos:

Las causas. Muchos políticos y economistas insisten en que la crisis fue causada por el irresponsable endeudamiento público. Con muy pocas excepciones (Grecia) esto es falso. Las condiciones de la crisis fueron creadas por los préstamos y el excesivo endeudamiento del sector privado, incluyendo un exceso de apalancamiento de los bancos. El colapso de la burbuja llevó a enormes caídas en la producción y por lo tanto de los ingresos fiscales. Así que los grandes déficits públicos que vemos hoy son una consecuencia de la crisis, no su causa.

Estas razones que, en general, son evidentes en muchos países, se agravaron en España, debido a un modelo de Estado basado en el nepotismo, y la consecuente corrupción, impuesto por una oligarquía de partidos en connivencia con las oligarquías financiera y económica y con el poder judicial y los organismos de control a su servicio. En nuestro país no existe una verdadera separación de poderes ni una independencia del poder judicial (excesivamente politizado) ni los diputados representan a los ciudadanos, sino a los partidos que los incluyen en sus listas. A esto se une la endémica, y socialmente admitida, economía sumergida que, según Carlos Cruzado, presidente del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, ascendería  al 23,3% del PIB (88.000 millones de euros) y que frena la competencia, la eficacia y el desarrollo del país. Además, detrae grandes recursos con los que podrían financiarse la educación y la sanidad.

Las razones verdaderas de la crisis del país nada tienen que ver con salarios o pensiones demasiado altos (un 60% de la población ocupada gana menos de 1.000€/mes, mientras la pensión media es de 785€, el 63% de la media de la UE-15) o pocas horas de trabajo, como se nos hace creer y se ha convertido en la visión general imperante en Europa acerca de nuestra realidad. Tampoco nos falta talento, ni capacidad empresarial ni creatividad.

La naturaleza de la crisis. Cuando se produjo la explosión de las burbujas de los bienes raíces en ambos lados del Atlántico, en muchas partes el sector privado recortó el gasto en un intento de pagar sus deudas pendientes. Esta fue una respuesta racional por parte de los individuos, pero (como en la respuesta similar de los deudores en la década de 1930) se ha demostrado que en conjunto es un error, porque el gasto de una persona es el ingreso de otra persona y el resultado de la caída del gasto ha sido una depresión económica que ha empeorado la deuda pública.

El gran error. Después de responder bien en la primera fase aguda de la crisis económica, la sabiduría política convencional tomó un giro equivocado: centrarse en los déficits públicos, que son principalmente el resultado de una caída ocasionada por la crisis en los ingresos, y utilizar el argumento de que el sector público debe tratar de reducir sus deudas a la vez que el sector privado. Como resultado, en vez de jugar un papel estabilizador, la política fiscal ha terminado por reforzar y exacerbar los efectos negativos del recorte del gasto del sector privado.

Para afrontar un choque menos grave, la política monetaria podría tomar el relevo. Sin embargo, con tasas de interés cercanas a cero, la política monetaria (que debería hacer todo lo posible) no puede hacer todo el trabajo. Por supuesto, debe haber un plan a medio plazo para reducir el déficit público. Pero si es demasiado frontal puede ser contraproducente y abortar la recuperación. La prioridad clave es reducir el desempleo, antes de que se convierta en endémico, por lo que la recuperación y la futura reducción del déficit aún son más difíciles.

La respuesta adecuada. En un momento en que el sector privado está involucrado en un esfuerzo colectivo para gastar menos, la política pública debe actuar como una fuerza estabilizadora, tratando de sostener el gasto. Por lo menos, no debe empeorar las cosas con grandes recortes en el gasto público o grandes aumentos de impuestos sobre la gente común. Por desgracia, esto es exactamente lo que muchos gobiernos, incluido el nuestro, están haciendo ahora. Comportamiento que, en palabras del premio Nobel de economía Paul Krugman, “bloquea la salida de la crisis por la falta de lucidez y de voluntad política” y hace que la crisis esté azotando “gratuitamente” la vida de demasiada gente “y no es necesario tanto sufrimiento“.

En el caso de España parece claro que es necesario un control estricto del gasto, pero éste no puede basarse solamente en recortes sociales o subidas brutales de impuestos, como está haciendo el Gobierno de Mariano Rajoy, siempre con la excusa de Europa. Hay que cambiar más cosas que cortar el gasto social que, de todos modos, es mucho más bajo que en Alemania. Hay que cambiar a fondo el sistema político y económico y aumentar la participación ciudadana real en las decisiones políticas. Para no perpetuar la crisis y endeudarnos durante generaciones, el Gobierno debe reformar a fondo la administración (central, de las comunidades autónomas y los ayuntamientos), en su mayoría en bancarrota y completamente fuera de control, sometiendo a referéndum el modelo de Estado. Y, por supuesto, luchar abiertamente contra la corrupción y el “escapismo económico” (economía sumergida, evasión de capitales e impuestos, etc.) a todos los niveles.

Es frustrante que a causa de este sistema oligárquico nepotista y corrupto se destroce talento y creatividad y que ahora muchos jóvenes se vean forzados a trabajar fuera (hemos pasado en muy poco tiempo de ser un país de inmigración a serlo de emigración). Esta situación nos ha llevado a una distribución de la riqueza que es de las más injustas de la OCDE. El último informe de Eurostat confirma que las diferencias sociales aumentan gravemente. La brecha entre los que más ingresan y los que menos ha crecido hasta el punto de situar a España en el primer lugar entre los 27 países miembros de la UE con mayor desigualdad social. A ello ha contribuido el desempleo desbocado, pero también los recortes en los servicios sociales de carácter universal y un aumento de la fiscalidad indirecta que penaliza más a los que menos tienen. La antaño fuerte clase media española está siendo literalmente aniquilada.

¿Cómo responden aquellos que apoyan las políticas actuales a la argumentación que acabamos de hacer? Utilizan dos argumentos muy diferentes en apoyo de su tesis.

El argumento de la confianza. Su primer argumento es que el déficit público aumentará las tasas de interés y evitará así la recuperación. Mientras, argumentan, la austeridad va a aumentar la confianza y fomentar así la recuperación.

Pero no hay en absoluto ninguna evidencia a favor de este argumento. En primer lugar, a pesar de los déficits excepcionalmente altos, las tasas de interés hoy en día son sin precedentes bajas en todos los principales países donde existe un banco central, que funciona normalmente. Esto es cierto incluso en Japón, donde la deuda pública supera ya el 200% del PIB anual, y donde la rebaja en el pasado por las agencias de calificación no ha tenido ningún efecto sobre sus tasas de interés. Las tasas de interés son sólo altas en algunos países del euro, debido a que al BCE no se le permite actuar como prestamista de última instancia para los gobiernos. En otras partes el banco central siempre puede, si es necesario, financiar el déficit, no afectando al mercado de bonos.

Por otra parte la experiencia anterior no incluye ningún caso relevante donde los recortes presupuestarios hayan generado una mayor actividad económica. El FMI ha estudiado 173 casos de recortes presupuestarios en diferentes países y encontró que el resultado consistente es la contracción económica. En los pocos casos en los que a la consolidación fiscal siguió el crecimiento, la principal actuación fue una depreciación de la moneda frente a un mercado mundial fuerte, lo que no es posible actualmente. La lección del estudio del FMI es clara: el recorte del presupuesto retrasa la recuperación. Y eso es lo que está sucediendo ahora: los países con los mayores recortes presupuestarios han experimentado las mayores caídas de la producción.

Porque la verdad es, como ahora podemos ver, que los recortes presupuestarios no inspiran confianza en los negocios. Las empresas sólo invertirán cuando puedan prever suficientes clientes con ingresos suficientes para gastar. La austeridad desalienta la inversión.

Así que hay una enorme evidencia contra el argumento de la confianza; toda la supuesta evidencia a su favor se ha evaporado con un examen más detallado.

El argumento estructural. Un segundo argumento contra la expansión de la demanda es que, de hecho, la producción se ha limitado por el lado de la oferta, por desequilibrios estructurales. Sin embargo, si esta teoría fuese correcta, por lo menos algunos sectores de nuestras economías deberían estar a pleno rendimiento, y lo mismo el empleo. Pero en la mayoría de los países no es este el caso. Muchos sectores importantes de nuestra economía están luchando por sobrevivir y el desempleo es más alto de lo normal. Así que el problema debe ser una falta general de gasto y demanda.

En la década de 1930 el mismo argumento estructural se utilizó contra las políticas proactivas del gasto en los EE.UU. Pero a medida que el gasto aumentó entre 1940 y 1942, la producción aumentó en un 20%. Así que el problema en la década de 1930, como ahora, fue una escasez de demanda no de oferta.

Como resultado de sus ideas erróneas, muchos responsables políticos occidentales están causando un enorme sufrimiento a sus pueblos. Sobre todo considerando que las ideas que defienden acerca de cómo manejar las recesiones fueron rechazadas por casi todos los economistas después de los desastres de la década de 1930 y que, durante los siguientes más o menos cuarenta años, Occidente ha disfrutado de un período sin precedentes de estabilidad económica y bajo desempleo. Es trágico que en los últimos años las viejas ideas hayan arraigado de nuevo. Pero ya no podemos aceptar una situación en la que los temores erróneos acerca de las altas tasas de interés pesan más en los responsables políticos que los horrores de la desocupación en masa.

Las mejores políticas diferirán entre los países y necesitan un debate detallado. Pero deben basarse en un correcto análisis del problema. El mundo entero sufre cuando nadie dice nada acerca de lo que sabemos que está mal.

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Las principales ideas de este artículo proceden de www.manifestoforeconomicsense.org, al que, si estáis de acuerdo con sus postulados, os animo a uniros.

a.

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Publicado el 15 octubre, 2012 en Acción social, Crisis, Economía, Educación y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Efectivamente, hasta donde llego, y así lo he manifestado y publicado en varias ocasiones NO CREO QUE ESPAÑA TENGA UN PROBLEMA DE DEUDA (79% del PIB, frente a Italia que hace años supera el 120%, por ejemplo).

    Es necesario coordinar en el tiempo el ahorro y la expansión. Empezando por el ahorro, como hacemos en nuestros hogares y, a la vez, admitir más esfuerzo que antes en nuestra lucha diaria por el garbanzo. Un cambio de mentalidad, en definitiva. LAS POLÍTICAS DE EXPANSIÓN HAN DE EMPEZAR POR UNO MISMO.

    Una gran parte de los españoles, enfermos de inercia paternalista, no está acostumbrada a asumir sus responsabilidades, y echa la culpa a un ente superior…

    Creo, y sólo creo.

    • Ángel Álvarez

      Yo también lo creo.
      Me encuentro constantemente a personas que sólo saben echar culpas y con muy poca capacidad autocrítica para darse cuenta de que son parte del problema y están muy lejos de serlo de la solución.
      ¡Basta ya de esconderse tras el miedo! Eso sólo lo hacen los cobardes y los aprovechados, los que están esperando a que otros les saquen las castañas del fuego.

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